Mercados digitales y escritura social (2)

¿Qué es la escritura social?

Decíamos la semana pasada que del mismo modo que la lectura se está transformando en una actividad social, es decir compartida, la escritura no es ajena a ese proceso y también se está transformando en una actividad social.

Si hacen una búsqueda en Internet, en español, el motor les dirá que esto de la escritura social es un documento, el acta de constitución de una empresa. Si buscan un poco más darán con definiciones que identifican al escritor social con una figura comprometida con los marginados y que denuncia las injusticias que se dan en la sociedad. Interesante, pero un poco más propio del siglo XX.

No sorprende, como en tantas ocasiones, tener que acudir al idioma inglés para encontrar una abundancia de resultados que nos indiquen que esto de la escritura social, además de una actividad jurídica y/o política, es también una actividad compartida. El escritor entendido como esa figura que se encierra durante meses, cuando no años, a escribir centenares de páginas, millares incluso, sin atender al teléfono o el timbre es una especie en extinción.

Reconozco que la imagen tiene fuerza. Quizá es por lo romántico que nos inspira, o por lo enigmático, pero prácticamente todos —ya se ha encargado el cine de que así sea— imaginamos a los escritores ejerciendo en silencio, en un magnífico despacho aislado del mundo y de la civilización. Si ahora no recuerdan ninguna película, les recomiendo Descubriendo a Forrester, una maravilla.

El escritor escribía y, salvo que además de haber escrito el libro también lo firmara y se viera obligado a acudir a las presentaciones, ahí terminaba su labor. Hasta el siguiente libro, claro.

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Esta entrada podría haberla escrito el mono.

La escritura social es otra de las consecuencias del progreso tecnológico, Internet y ese estado de hiperconexión en el que vivimos. Hoy, eso de encerrarse a escribir para luego soltar el resultado por ahí sin volver a prestarle mayor atención, carece de sentido. Poco a poco las obras están dejando de ser un producto finalizado para convertirse en una creación sujeta a una evolución constante: eso es la escritura social.

No es nada nuevo, por supuesto. Las publicaciones periódicas existen desde hace muchos años y las sagas literarias son cada vez algo más frecuente: si algo se vende ¡sigue vendiéndolo! A diferencia de lo que ocurría en épocas pasadas, ahora los autores no sólo no podemos evitar el contacto con los lectores sino que, encima, éstos pueden replicarnos e incluso ampliar el tema sobre el que se esté tratando desde una tribuna equivalente a la nuestra. Ahí abajo tienen la caja de comentarios por si quieren probar.

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Las relaciones en Internet, cada vez menos verticlaes

Personalmente, en su día me fascinó esto del hipotético fin de la verticalidad en las relaciones autor-lector. Las voces que ayer eran autoridad hoy son una opinión sujeta a revisión constante; si uno se despista puede llevarse una sarta de elogios considerable.

Todo muy civilizado si se toma con una pizca de sal.

De todos modos el mayor interés reside en la posibilidad de poder tomar el pulso a los lectores y escribir en consecuencia. Generalmente para tratar de complacerlos, aunque también cabe la posibilidad de ofrecer, en cada nueva edición, piezas mucho más infumables e insultantes que las anteriores. Tal es el proceder, con notable éxito, de cierto tipo de prensa escrita.

Una vez decidido el tipo de producto literario digital que se quiere realizar, la cuestión es cómo comercializarlo o, al menos, cómo monetizar la inversión. Si nos hemos decantado por un producto cerrado, el libro de toda la vida, podemos optar por venderlo directamente desde nuestra página web, colocarlo en las plataformas de venta como Amazon, iBooks, Kobo o Smashwords, o inscribirlo en el catálogo de alguna de las páginas de acceso por suscripción como 24symbols o Nubico. Estas tres opciones no son excluyentes entre sí y podemos optar por que nuestros productos estén disponibles en cualquiera de ellas y que sean los lectores los que decidan a cual acudir.

También existe la posibilidad de iniciar una campaña de crowdfunding o micromecenazgo, un proceso de financiación colectiva que se lleva a cabo antes de iniciar la producción de la obra. Su objeto es el de garantizar la viabilidad del proyecto, es decir evitar perder dinero en el proceso, a cambio de lo cual los mecenas recibirán algún tipo de compensación. Por tanto, el micromecenazgo no es un sistema de comercialización propiamente dicho.

Por otro lado, si nos decantamos por editar una publicación periódica o una obra de ficción serializada, entonces no nos queda más remedio que considerar un sistema de suscripción o de pago por acceso (pay-per-view), sin perjuicio de que puntualmente podamos realizar campañas de recogida de fondos por micromecenazgo.

Si se fijan, los sistemas de suscripción tienen un funcionamiento común: o bien accedemos al catálogo de forma gratuita con algún tipo de condición (limitación de acceso a las novedades, inserciones publicitarias…) o satisfacemos una cuota. Curiosamente las cuotas en los sistemas de suscripción literaria se asemejan mucho a las que, como vimos la semana pasada, solicitan las plataformas de suscripción musical: 9 € en el caso de 24symbols y Nubico. Por el precio de un libro, de los baratos, al mes, léase todos los que quiera.

La semana pasada les preguntaba si se compraban Uds. ese disco cada mes, así que hoy les preguntaré, no ya si compran un libro al mes, sino si se lo leen.

¿Lee Ud. un libro cada mes?

Ya. Según nos cuenta Manuel Gil en este artículo sobre los índices de lectura, el gasto medio por habitante y año, en 2012, se establecía en 20,30 € para libros no de texto. En libros por habitante y año estaríamos leyendo una media de 2,44 libros, una cifra que obtiene al dividir los 115,8 millones de ejemplares vendidos en España en el año 2013 por su población total: 47 millones. (46,5 en realidad, pero a efectos…)

Con estos datos en la mano y el concepto derivado de la Ley de los rendimientos decrecientes que introducíamos la semana anterior (v.g. cuanto más amplio es un mercado menor es el gasto per capita), sorprende un poco la inflexibilidad actual en los servicios de suscripción: o nueve euros o al gallinero.

Como ya nos hemos extendido suficiente por hoy, dejamos para la semana que viene los ejemplos de publicaciones periódicas online con carácter social y de sistemas de suscripción flexibles con los que poder monetizar la producción.

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